Sobreviviendo al naufragio

Khun A y su esposa Gnam son una pareja mas de las cientos de miles que llevan vagando por el país desde que la marejada de las inundaciones llego a Bangkok y las provincias limítrofes  que acogen la casi mayoría de los polígonos industriales de Tailandia.

Durante los últimos  10 años este matrimonio ha estado trabajando para una compañía extranjera que a  ella la tiene contratada de jornalera por 200 bahts (1€=41 bahts) día y a  él lo tienen fijo  por unos 9.000 bahts al mes con un horario de trabajo de 12 horas al día (hay días en que hay que trabajar horas extras  y eso permite que el sueldo  llegue hasta  los 12.000 bahts al mes en algunas ocasiones).

Como dice el refrán  “no hay mal que por bien no venga” y ciertamente algún bien han traído esta inundación pues a ellos dos les ha posibilitado el estar dos meses con su hijo único de 7 años al que cuidan desde recién nacido  los abuelos maternos que viven en la provincia de Nam, al norte del país, pues los horarios de trabajo de Nay A y su esposa   nunca les ha permitido el hacerse cargo permanente del cuidado del niño.  Ahora con   la fabrica  inundada  y una vez que la empresa les ha mandado para sus casas, arruinadas por las riadas, las lluvias y la crecida de los ríos, no ha habido mejor cosa que la vuelta a los hogares de donde partieran hace años y en donde aun residen sus ancianos padres y los familiares y amigos que al contrario que ellos decidieron continuar sus vidas en el campo.

Hace dos días han llegado a Udon Thani para visitar al padre de Khun A operado y convaleciente aun. Gnam llegaba desde la casa de sus padres en Nam  y Khun A lo hacía desde Bangkok a donde había sido llamado por su empresa hacia 7 días para comenzar a sacar de entre los escombros , el fango y el agua hasta la cintura la maquinaria y los bienes que se encuentran en las instalaciones de la misma.

Hablando con ellos dos, el marido compartir el sentimiento de felicidad que le producía ver a su padre mejorando paso a paso la salud y junto a ello el poder escaparse del trabajo al que había sido llamado de manera “casi obligatoria” por su empresa y que conllevaba un gran riesgo para la salud por los productos químicos y tóxicos almacenados en las empresas  y que están  disueltos en el agua  estancada en medio de la que han de trabajar. Khun A nos comentaba, ante la preocupación de su mujer, como los efectos de todo esto se empezaban ya  a sentir en la piel de los compañeros de trabajo y en la suya así como las nauseas de algunos por la inhalación de  gases procedentes de la reacción de los productos químicos disueltos.

Una pesadilla de la que se han librado sus amigos de la factoría vecina a la suya que no trabajan para una multinacional china como es su caso, sino para una japonesa y que los ha reclutado para trabajar los próximos 6 meses en Japón a la espera de que las instalaciones en Tailandia vuelvan a funcionar con normalidad.  Una “normalidad” que seguirá sostenida por  jornadas y contratos de explotación para los trabajadores  y menosprecio del entorno natural de esta tierra para poder seguir hablando del “milagro de crecimiento en el sudeste asiático”, un milagro que para muchos no es mas que una mera supervivencia.

Fermín Riaño

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